Más que inteligencias, un estilo de vida
José Antonio Marina
Por: María Mónica Vergara López
“He llegado a la conclusión de que el logro máximo de la inteligencia es la ética y su realización práctica, que es la bondad. Ya sé que esto suena a ingenuo, pero todo lo que he escrito pretende demostrar científicamente que esa idea encierra la suprema sabiduría. Es decir, nuestra salvación”.
José Antonio Marina
José Antonio Marina es un muy buen escritor que desde la redacción y el análisis de temas sociales, culturales, políticos y económicos, busca encontrarle el verdadero significado de las cosas, manejando cierto grado de polémica. La claridad y la excelente documentación con la que presenta sus escritos es notoria a la hora de referirse a temas como el poder (últimamente ha escrito sobre éste), que detrás de algunos personajes vestidos de saco y corbata, se manifiesta a diario, convirtiéndose para nosotros en algo “invisible” o más bien algo que no queremos ver, y que Marina a través de sus textos pretende mostrar.
Para ahondar en Marina, es necesario hablar de la investigación que éste ha hecho en cuanto a la inteligencia analizada desde diversas dimensiones. La educación, el aprendizaje y la transformación de las personas, son conceptos que entran a jugar un papel muy importante a la hora de armar un concepto sobre inteligencia, y José Antonio afirma que para promover las tendencias y posibilidades humanas es necesario reconstruir la urdimbre pedagógica de la sociedad.
La fascinación de Marina por la capacidad creadora de la inteligencia que tiene el ser humano lo ha llevado a pensar, investigar y escribir acerca de lo mucho que puede hacer ésta con muy poco; la intervención de las emociones, la voluntad, el lenguaje y el conocimiento hacen parte del dinamismo que constantemente crea la inteligencia para solucionar y armar nuevos estilos de vida que buscan satisfacer las necesidades del hombre.
Este filósofo, escritor, profesor y conferencista con sus libros Teoría de la inteligencia creadora, Ética para náufragos, El misterio de la voluntad perdida, La selva del lenguaje, Diccionario de los sentimientos, o el último, Dictamen sobre Dios han conseguido romper los estándares académicos y acercar al público con una nueva forma de ver la vida.
José Antonio Marina ha conseguido unir la enseñanza de la filosofía con la creación filosófica, permitiendo así el análisis de temas comunes y corrientes y a la vez tan diversos, que presentan en cierta medida algún choque o falta de conocimiento por parte de la sociedad: La sexualidad, la inteligencia, la estupidez humana, los sentimientos, la existencia de Dios, la ética o el lenguaje son algunos conceptos en los que Marina hace sus análisis y publicaciones.
José Antonio Marina da argumentos convincentes para los anarquistas en su reciente libro La pasión del poder. Teoría y práctica de la dominación (Anagrama, 2008) al afirmar, como tesis principal, que ninguna ley posee fundamentación por lo que es necesario inventar ficciones que todos crean ciertas para mantener la cohesión de nuestra sociedad. El derecho natural solo es un supuesto metafísico y de este modo, según Marina, los derechos humanos no son más que una ficción, útil pero falsa, necesaria pero mentirosa. Ninguna institución, nación, ONG o iluminado de turno los aplica realmente, ni siquiera quienes se benefician ingenuamente de hacerlo.
La estructura de familia ha cambiado mucho y la sociedad se ha vuelto muy individualista según Marina, el sólo hecho de subir el nivel de vida de las familias hace que sean vulnerables y que la cultura no los proteja. Los padres se asustan y confunden porque no saben educar a sus hijos, y es aquí cuando José Antonio Marina cree fielmente en que la sociedad de consumo vuelve vulnerable a las relaciones de pareja, lo que ocasiona el gran problema educativo.
La preocupación universal por la educación ha generado un sistema de excusas en el que todo el mundo echa las culpas al vecino. Los padres a la escuela, la escuela a los padres, todos a la televisión, la televisión a los espectadores, al final acabamos pidiendo soluciones al gobierno, que apela a la responsabilidad de los ciudadanos, y otra vez a empezar. En esta rueda infernal de las excusas podemos estar girando hasta el día del juicio.
Siendo así, José Antonio Marina crea la movilización educativa –me- que es un programa pedagógico para ayudar a los padres durante el proceso educativo de sus hijos, basado en la creencia de que toda la sociedad debe implicarse en esta tarea educativa, “para educar a un niño hace falta la tribu entera”[1]. Para ello, se basan en un modelo educativo fundamentado en la pedagogía de los recursos y su objetivo es el de proporcionar a los niños un capital vital para enfrentarse a los problemas, disfrutar de las oportunidades y mantener sus relaciones afectivas satisfactorias.
José Antonio Marina cada vez más interesado en estos conceptos que involucran a la inteligencia práctica (la que juega y se adentra en los dominios donde día a día nos jugamos la vida), se concentra en estos momentos en la Movilización educativa de la sociedad civil y en la creación económica, para reconstruir el verdadero significado de la pedagogía en la vida del ser humano, y en mostrar un verdadero proyecto económico basado en el mercado que promueva las posibilidades humanas.
Este escritor español de 69 años de edad, es un gran ejemplo y modelo a seguir de investigación, análisis y escritura, en el que a través de su polémica y un toque de humor, narra las historias de una forma tan sutil que llega a lo más profundo de los lectores. Nos aconseja que “Para ser felices hay que satisfacer tres necesidades básicas de una manera armoniosa: bienestar (vivir seguros y cómodos), relaciones afectivas y sociales (que cuesten esfuerzo y puedan quitar comodidad), y por último el sentimiento de que progresamos. No hay nada más triste que estar trabajando y que no reconozcan lo que hacemos”[2].

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